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Todo comenzó con una gincana

 

―Michael Jefferson Green, o bajas ahora mismo con tu maleta ¡o vas con lo
puesto al campamento!
―¡Ya voy, mamá! ―gritó Mike desde el primer escalón.
Patty esperó a que saliera para cerrar la puerta. Después colocó el bulto en el maletero y se sentó en el coche.
―Sabes que vamos tarde, ¿verdad? ―inquirió a su hijo, cuya cara de apatía
reflejaba su interés por ir al campamento “Save The Planet”.
Sus padres eran dos acérrimos ecologistas. Desde antes de su nacimiento ya
formaban parte de varios grupos que luchaban, de forma activa, contra el calentamiento global, el cuidado de los océanos, la reforestación de cualquier zona o la preservación de especies en extinción. Cualquier tema era bueno para ayudar a conservar algo que creyeran indispensable para salvaguardar el planeta.
Ese verano habían decidido ir a luchar en contra de la sobrepesca del cangrejo en Alaska y lo iban a “abandonar”, tal y como lo veía Mike, en un campamento donde, “según ellos”, iba a aprender a cuidar del medio ambiente y era idóneo para fomentar la ecología entre los más pequeños. Un verdadero rollo.
Al llegar, una inmensa fila de coches iba dejando a los chicos; que eran
acompañados por sus monitores, para formar grupos de diez por cabaña. Al echar un ojo por la ventana, Mike gritó a su madre exasperado:
―¿Me has traído a un campamento de chicas?
―No, Michael. Es mixto ―aclaró Patty.
―¡Yo no quiero estar aquí un mes! ―vociferó más alto.
Su madre se quitó el cinturón, salió del coche y abrió su puerta para que saliese.
―Deja de protestar. Ya verás que haces muchos amigos y, lo más importante: si prestas atención… ¡aprenderás mucho! ―añadió Patty, guiñándole con gracia.
―Pero ¡yo quiero ir con vosotros! ―volvió a quejarse Mike.
Con maleta en mano, su madre respondió:
―Sabes que eres muy pequeño para eso…
Una joven monitora se acercó hasta ellos con una simpática sonrisa. Mike se
quedó mirando el logotipo de su polo: un armadillo bordado en color rojo. Ella se dirigió a su madre para preguntarle el nombre y, una vez localizado en la lista, llamó al jefe de equipo para que lo llevara con su grupo.
Patty se despidió de Mike con un beso en la cabeza y este se alejó de su lado
refunfuñando.
Los primeros días en el campamento fueron una verdadera locura. Reuniones, clases para conocer el entorno, juegos de todo tipo… Pero lo peor para Mike estaba por llegar. Se había negado a conocer a ninguna de las niñas que formaban los otros grupos.
Muchos de sus compañeros actuaban de igual manera, solo querían relacionarse con otros chicos. Los monitores estaban acostumbrados a estos comportamientos y por la noche rieron al saber lo que les esperaba al día siguiente.
Como las anteriores mañanas, y antes de desayunar, fueron hasta los tablones para ver cómo tenían organizado el día. Una gincana ocupaba toda la jornada. El grito generalizado llegó hasta el último recoveco del campamento cuando leyeron que los equipos los formaban un chico y una… chica. A Mike le había tocado como compañera una tal Ashley y se preguntó qué clase de madre era capaz de ponerle ese nombre a una chica, cuando todo el mundo sabía que era nombre de chico.

Tras un desayuno lleno de protestas, que llegaron de todos lados, repartieron cartulinas con las cinco pruebas. Una vez formados los equipos, a regañadientes, comenzó el juego.
Mike solo había mirado una vez a Ashley, así que ella decidió romper el hielo.
―¡Hola! Soy Ashley ―se presentó muy risueña, ofreciéndole la mano.
―Yo… Mike.
―¡Encantada, Mike! Ven, vamos a un sitio más privado. ―Anduvieron unos
pocos pasos para separarse del resto y continuó―: A ver, este es mi segundo verano en el campamento, así que sé cómo se las gastan los monitores. Ahora presta atención porque se me ha ocurrido lo que podemos hacer para ganar la primera prueba. ¿Has reciclado la basura alguna vez?
―Hum… claro… más o menos.
―A ver, Mike… ¡céntrate! ¿Sabes reciclar o no? ―preguntó ella sin paciencia.
―Creo que sí.
―Madre mía… ―respondió Ashley, sujetándose la frente con la palma de la
mano―. Bueno, en cinco minutos comienza la prueba, así que no perdamos el tiempo.
Atento: de toda la basura solo céntrate en los botes y botellas de vidrio y en el papel y cartón. Los primeros van en el contenedor verde, el que parece un iglú y los segundos en el contenedor azul. ¿De acuerdo? ¿Te ha quedado claro? Cristal, verde. Papel, azul.
―Mike asintió varias veces―. ¡De lujo! Del resto me ocupo yo.
―¿Y a esto lo llaman gincana? Menudo rollo… Esto es recoger basura…
Ashley lo miró con ojos penetrantes y, poniéndole un dedo en mitad del pecho, amenazó:
―Mira, niño de ciudad, el planeta no es un vertedero. Puede que para ti esto no sea divertido, pero yo quiero poder bañarme en la playa dentro de veinte años. Así que, aprende a reciclar de una maldita vez o nos quedaremos sin peces ni océanos.
Ashley, con tan solo cinco años, ya había descubierto qué era encontrarse en una playa llena de plásticos y restos de basura. Sus padres la habían llevado para echar una mano en las tareas de limpieza, y esto la había impactado mucho más que cualquier fotografía o vídeo de internet.
Ahora tenía diez, y su necesidad por mantener limpio el planeta se había
convertido en casi una obsesión. Ir al campamento le daba la oportunidad de seguir ayudando y, si de paso conseguía despertar la conciencia de algunos de los chicos… mejor que mejor.
Mike la miró con una mezcla de molestia y vergüenza. Aunque sus padres habían intentado inculcarle la preocupación por todo lo relacionado con la conservación de su entorno, lo cierto es que él no había prestado demasiada atención. Ahora una niña de su edad acababa de ponerlo en su lugar y le había soltado una verdad aplastante: si los plásticos se adueñaban de mares y océanos, los peces morirían y las playas solo serían un cubo de basura más donde los residuos acamparían a sus anchas.
Se la quedó mirando solo un instante. Algo se removió en su interior y, cuando oyó a su monitor gritar que se acercaran para comenzar la primera prueba, repitió convencido:
―Cristal en el iglú. Papel y cartón, en el azul.
Ella le dedicó una sonrisa llena de esperanza y lo cogió de la mano para salir
disparados hasta donde estaban reunidos los demás chicos.


Cinco años después…


―¡Mike! ―gritó Ashley, corriendo hacia su amigo.
Ambos se abrazaron y rieron al encontrarse de nuevo en el campamento. Estaban muy nerviosos porque habían dejado de ser alumnos para convertirse, por primera vez, en monitores. Esa era una gran responsabilidad, pero esos cinco veranos que habían compartido los habían preparado de sobra. Su enorme interés en cómo ayudar al medioambiente los había unido y fortalecido en su empeño por inculcar la importancia
de cuidar todo lo que les rodeaba. Habían aprendido a plantar árboles y a preparar el campo, sembrarlo y regarlo. También a reciclar la basura, cuidar de los animales y ayudado a traer algunas de sus crías al mundo… Un sinfín de tareas nuevas que habían aumentado de dificultad conforme habían ido creciendo.
Mike no había vuelto a quejarse por ir al campamento, es más, había casi
suplicado que lo enviaran porque quería volver cada verano para ver a Ashley: esa niña que vivía al otro lado del país y con la que coincidía cada doce meses.
―¡Guau! Estás… fantástica ―dijo Mike, recorriendo con sus ojos de adolescente a su mejor amiga tras echarle un buen vistazo.
Ella había pensado lo mismo de él, pero no le había dado tiempo a decir nada.
Como respuesta, dibujó su magnífica sonrisa como tantas veces; solo que, en esta ocasión, arrolló el corazón de un chico que no estaba preparado para experimentar qué era enamorarse por primera vez.
Ese verano fue el mejor de todos hasta el momento. Enseñar era incluso más divertido que aprender. Rieron la noche previa a la primera gincana y más aún a la mañana siguiente al ver cómo los más pequeños se quejaban por tener que hacer grupos mixtos, tal y como ellos habían hecho pocos años atrás.
Los días se fueron sucediendo y ambos se sentían emocionados al conseguir, con pequeños detalles, que muchos de los alumnos despertaran a la importancia de querer y cuidar de la tierra, del aire, de los animales… de la vida, en general.
Era la última noche de ese verano en el campamento. La fiesta de cierre de
temporada estaba en su punto álgido. Algunos de los niños más pequeños jugaban, corrían y gritaban. Los más mayores bailaban y reían. Mike y Ashley se apartaron solo un instante con la excusa de poder hablar sin vociferar. Ambos sabían que la razón era muy distinta. Tras el cobijo de una enorme secuoya se dieron su primer beso y prometieron verse al año siguiente.


Un año esperando.


Ambos volvieron al año siguiente y, aunque retomaron su relación casi en el
mismo punto donde la habían dejado, ella tenía mucho más interés en enseñarle a los más pequeños su amor por el planeta que en perderse en los besos de Mike. Solo tenían dieciséis años y la realidad era que vivían en estados diferentes y a una enorme distancia.
Ese verano tuvieron la oportunidad de limpiar el cauce de un río y de ver cómo el ecosistema se iba recuperando poco a poco, así como los peces volvían para poblar buena parte.
Su relación no avanzó mucho más y el campamento terminó como el anterior. Con cientos de niños felices y deseando volver.
Y así se sucedieron los siguientes dos veranos, hasta que llegó el primer año de universidad y Ashley no volvió. Uno de sus profesores le había hecho llegar la información de un curso estival que se impartía en Pisa. Estaba organizado por la “Escuela de verano Regreso a las raíces de la economía ecológica” y ella se había inscrito sin pensárselo dos veces y, lo más raro para Mike, sin avisarlo con tiempo por si se animaba a acompañarla.

Por muchas llamadas, emails o wasaps que habían compartido, algo era
inamovible: él vivía en Virginia y ella en Oregón, por lo que más de cuatro mil kilómetros los separaban. La distancia año tras año hacía mella en ellos, pero no en su amor por el medioambiente y en intentar inculcar al máximo de personas posibles la necesidad de cuidar el planeta.
Mike regresó una vez más al campamento con la esperanza de que ella decidiera unirse, pero tampoco pudo ser en esa ocasión. Así que, al año siguiente, decidió acompañar a sus progenitores a unas conferencias que ellos mismos habían organizado por todo Estados Unidos sobre el calentamiento global y la importancia de reducir los combustibles fósiles. Al cumplir los doce, sus padres, Patty y Aiden, decidieron crear su propia organización ecologista sin ánimo de lucro y, tras casi siete años, los voluntarios no dejaban de incrementar sus filas. Las subvenciones y donaciones que recibían para cualquier causa eran tan sustanciosas que su manto de protección había logrado salvar a más de una especie en extinción y repoblado bosques completos. Todo por la Tierra.
Todo… por garantizar un futuro.
Ashley, por su parte, se metió de lleno en su Licenciatura de Ciencias
Ambientales. Y, aunque mantenía el contacto con Mike, la vida no se detenía. Comenzó y terminó varias relaciones, así como él; que, por mucho que buscaba, no encontraba aquello que quería.

 

Cinco años más…


Mike acababa de terminar su Licenciatura en Ciencias y Políticas Ambientales. Sus estrechas relaciones con varios mecenas de la organización de sus padres le habían convencido para unirse a un partido político que basaba gran parte de su campaña electoral en detener el calentamiento global a toda costa. Al principio, se había unido a regañadientes, pero tras seis meses de duro trabajo llegaron las primarias. Su partido ganó las elecciones y consiguieron la alcaldía. Un pequeño paso hasta el despacho oval, una distancia enorme si miraba atrás. Sonrió al ver lo mucho que había logrado desde que una niña, con voz autoritaria, lo había obligado a reciclar, a una velocidad endiablada, un cubo enorme de basura para ganar una prueba en una gincana.
Habían transcurrido apenas tres semanas desde que ganaran las elecciones cuando su secretaria llamó al teléfono de su despacho para avisarlo de que su reunión de las diez y media acababa de llegar. Aceptó que pasara y, mientras entraba, terminó de firmar varios documentos.
Tocaron a la puerta y su secretaria anunció:
―Alcalde Green, su cita de las diez y media, la doctora Wright.
Mike levantó la vista de su mesa y su expresión no fue capaz de mostrar la
sorpresa que sintió al verla. Tenía que reconocer que se había convertido en una mujer preciosa, que su elegante traje de chaqueta y su apostura indicaban lo mucho que había prosperado. Así como su título, doctora, aunque no sabía aún en qué especialidad.
Nada de eso importaba porque solo era capaz de mirarla a los ojos y ver a la niña que fue, y que consiguió enamorarlo desde el primer día. Se levantó con tanto ímpetu que casi tiró la silla, pero la sujetó a tiempo.
Rodeó su mesa y susurró:
―Ashley…
―Hola, Mike. Alcalde Green…
―Doctora Wright… ―dejó su nombre en el aire como una pregunta.
―Doctora en Medio Ambiente, señor alcalde. Vengo a pedirle… mucho ―dijo ella con una intención velada.

Un nudo se había formado en su garganta. Verlo después de tantos años había despertado algo olvidado, casi perdido. Él la miró y replicó:
―No esperaba menos de ti…
Ashley le dedicó esa preciosa sonrisa que Mike recordaba y que tanto había
echado de menos. Se acercó a ella y le ofreció la mano. Ella, con el corazón a mil, la aceptó de buen grado y se sentó en la mesa de despacho. Él ladeó la cabeza y levantó ambas cejas. La pregunta estaba implícita en su gesto.
―Trabajo para la empresa No plastic waste y vengo a presentarte un proyecto que podría significar la reducción del veinte por ciento del plástico en el planeta.
―¿Un veinte por ciento? Pero, Ash…
―Deja que te lo explique ―interrumpió ella―. Llevo dos años trabajando en
esto, de verdad que es viable. Por favor, no lo descartes tan pronto…
―No quiero descartarlo… Ash ―repitió su nombre casi como un mantra. Ella subió las cejas con sorpresa al escuchar su respuesta; pero, sobre todo, por su tono… casi íntimo―. Quiero que eliminemos el plástico del planeta; así que, enséñame qué has ideado y haré todo lo que esté en mi mano para que llegue al Congreso.
Ahí estaba esa sonrisa… ese brillo en sus ojos. Ella era la determinación en sí misma, tal y como cuando le explicó dónde tenía que arrojar el cristal en el contenedor con forma de iglú.
Ashley asintió despacio y fue desglosando punto por punto su visión para el
futuro. La eliminación de los plásticos no era una quimera, ni un sueño. Y, mucho menos, un imposible. El proyecto mostraba que sí se podía llegar a ese porcentaje, y con esfuerzo, incluso se podía mejorar.
Cuando terminaron la reunión, Mike se quedó con su carpeta para hablar con gente bastante importante que financiaba su partido y que seguro estaría muy interesada en ese proyecto.
Al despedirse, ambos se miraron con algo más que satisfacción. Muy por encima de la atracción que sentían, sabían que habían empujado la primera ficha de dominó que mostraría una espectacular imagen final: un planeta libre de residuos plásticos para las generaciones futuras.
Antes de salir, Ashley se giró, pero dudó un instante. Mike no lo hizo y preguntó:
―Lemaire… ¿a las siete…?
Y una sonrisa de Ashley selló aquello que había comenzado casi dieciocho años atrás. Su visión por un mundo mejor la llevó a querer cambiar el futuro y, mirando a Mike, tuvo la certeza de que había aportado su granito de arena.

Manuela Ramírez / Escritora - (Málaga) 

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LECTURA
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POESÍA

Tierra

 

Aquí.

En silencio, espacio.

Te admiro, en toda tu belleza.

Estás en casa, madre, Santuario.

No lo sabes, te extraño.

En esta nave.

Una oración, te pido.

Para ti, Dios de la inmensidad.

Haz que el hombre lo entienda.

Nuestros hijos.

Y los hijos de sus hijos.

Que sigan contemplando.

Un vuelo de águila.

En las cimas, nieve.

Las inmersiones de delfines.

En el azul del mar.

Déjalos estar allí, más césped.

Playas.

Donde admirar.

La magia de una puesta de sol.

El milagro.

Un nuevo día.

Nació.

Luca Pagliaro - Genova- Italia

" Five Miles Out" Título de su próximo libro. Altromondoeditore

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Vestida de noche

[Solsticio de verano]

Engalanada de fiesta,

el solsticio de verano 

irrumpe mi silencio,

murmullo de gente 

vestida de noche,

corona floral adorna mi cabeza 

salgo a danzar,

saltando la hoguera junto al mar 

para asegurarme buena suerte y salud.

 

La luna acaricia mi sonrisa 

y ilumina mis pasos,

y en sus aguas claras y transparentes 

veo reflejada mi cara 

radiante de felicidad.

 

Camino descalza,

siento libertad,

quiero tocar el firmamento...

 

Destellos de luz anuncian a mi vida

un nuevo despertar,

y doy gracias al cielo

y me arrodillo sobre la arena mojada,

y dibujo un corazón pensando en ti,

mi destino eres Tú!

 

Elisenda Segura

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Velas del templo

Almas puras

[Noche de difuntos]

 

Entre coronas de flores i velas

un comité funebre,

camina cerca de un cementerio,

lugar Santo y Sagrado

donde reina la paz...

 

Amigos y familiares

rezan por sus almas puras,

y recuerdan a todos los difuntos,

para que tengan vida eterna 

cerca de Dios...

 

Antiguamente era tradición 

en la noche de todos los Santos,

relatar historias sobre

personas fallecidas queridas,

que hacían nuestra vida 

más llevadera porqué nos daban

la fuerza necesaria para seguir adelante,

sin miedo, con valentía y coraje 

para superar nuestros problemas con éxito.

 

Se degustaban 

frutos tradicionales del otoño,

como castañas, nueces, y manzanas

acompañados de anís y ron con miel.

 

Se comían 

dulces típicos como buñuelos de viento

y huesos de Santos rellenos de ciruela, 

coco, cabello de ángel ...

Pero en Cataluña y Aragón 

los panellets son un postre muy selecto,

que deleitará vuestro paladar

por su sabor espectacular,

los hay de coco, chocolate, piñones, almendras...

 

En esta fiesta Cristiana

celebrada con gran devoción,

Santos y Apóstoles de Dios salen a la luz,

para iluminar nuestro camino,

y llenar nuestras vidas

de gran riqueza espiritual,

para que el día que nos toque unirnos al Reino de Dios, 

estemos preparados para la muerte.

 

Elisenda Segura

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Un mar de amor

[Celebración de cumpleaños]

 

Fiesta caribeña,

collares de colores

47 son las velas,

con deseos de felicidad

la orquestra no parará de sonar,

porqué con una bonita sonrisa 

nos regalarás gran amistad...

 

Eres ternura personificada  

valiente como un gladiador,

destacas por tu gran coraje 

de pensamiento libre,

llena de delicada sensualidad

tus amigos te saludarán!

 

Te sentirás llena de emoción, 

como mariposa volarás bien alto,

perfumando de felicidad 

un mar de amor, 

que tu misma has construido a tu alrededor.

 

Cohetes en el cielo

escribirán tu nombre ,

bailarán las estrellas 

y tu serás Reina por un día,

como un arco iris de mil colores

donde renacerá la vida...

 

Aromas de generosidad 

se respirarán entre dulces y trozos de tarta,

brindis de champán,

dialogarán los invitados

y entre sonetos de Mozart, 

degustarán metáforas preciosas,

que las atarán en un saco 

de hermandad,

y entre el viento fresco 

la noche será inolvidable.

 

Elisenda Segura

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