• Daría Agramunt

La luna que llenó mi vida



Mi alma se quedó entristecida, derrotada y abatida por el dolor. Mis ojos eran un mar de lágrimas. Sentía que esa marea, me obligaba a asumir, que todos los avances, se desvanecían para mí.


La oscuridad de la noche, hacía más real la crueldad que me tocaba vivir. Alcé la mirada, y solo te vi a ti. Brillabas en toda tu plenitud, gigante y llena de luz. Serias mi perpetuo recordatorio,me obligarías a no dejar de soñar en ti. Pero aun sin querer olvidarte, nunca llegaría a tenerte

junto a mí.


Sin tenerte te quería, sin olerte te sentía, eras a quien necesitaba para vivir.

Cuando salimos por esa puerta, entendí que la esperanza, acababa así.

Lo deseaba con todas mis fuerzas. El proceso fue largo y duro, y no solo para mí.


Tú, mi marido y compañero, mi mejor elección, fuiste quien dio consuelo a tanta decepción.

Someternos al programa de fecundación, era nuestra esperanza, y hoy reconozco, mi obsesión. Tres intentos, sin resultado y con sus consecuencias. Ilusión y decepción en cada uno de ellos. Tu fortaleza y protección me hizo entender que era el momento de aceptar. Lo

habíamos intentado, pero había llegado el momento de parar.


Existías en mi mente, no importaba como fueras, simplemente quería tenerte. Aunque nunca le di importancia al sexo, te imaginaba y te sentía, siendo honesta, como mi niña. Quería llamarte Luna, serias mi calma y mi luz.


Pero aquí terminaba el proceso, no había más oportunidades para conseguir mi victoria.


Borrar de mi mente i aceptar que nunca llegaría a ser madre, era mi mayor desilusión. La realidad me superaba, necesitaba ayuda, mi reloj biológico no estaba en modo parar, en cambio, debía dejar de insistir. Mi marido, sentía exactamente lo mismo que yo, aun así, su

fortaleza y el amor por mí, incrementaba su necesidad de animarme, que encontrara mi paz interior. ¡Lo consiguió! Fue capaz de hacerme entender, que la vida no siempre nos complace,

pero si nos enseña, en las derrotas, a valorar lo que si tenemos. La vida me había ofrecido, el amor, la estabilidad y la felicidad que había conseguido con él, no podía perderlo también.

Encontré mi paz, la aceptación. Y por supuesto, merecía la pena seguir.


Este proceso nos fortaleció muchísimo como pareja, empezamos a disfrutar y vivir con lo que ya habíamos conseguido, nuestro respeto y amor hacia la vida que habíamos creado juntos.


Solo pasó un año, pero mi estabilidad emocional había llegado a lo más alto. Y en ese momento ocurrió lo que menos me podía imaginar. Esa paz, la aceptación, y el aprender a vivir con lo que tenemos y somos, me recompenso de la mejor manera.


¡Me quedé embarazada!


No lo podía creer. ¿Qué había pasado?, ¿era la ciencia la que había fallado?, No


Mi obsesión por conseguir quedarme embarazada, fue lo peor, el bloqueo era lo que había impedido que avanzara. No me podía volver a equivocar.


Disfrute el embarazo, con nauseas incluidas, sabía que la vida tenía un camino para mí. Solo tenía que dejarme llevar, aparcar el miedo. Porque ahora sí, había la posibilidad que mi deseo se cumpliera.


Luna tiene ahora cuatro años. Es el mejor regalo de nuestras vidas.


La noche en que Luna llego a nuestras vidas, hice el mismo gesto que un día destrozo mí esperanza. Alce la mirada hacia el cielo, había luna llena en todo su esplendor, esa luz iluminó mi alma, nuestra pequeña Luna estaba ya en nuestros brazos.