• Viero Marrovir

Mi otro yo



Eva nació en Barcelona un mes de abril, ¿el año? eso es lo de menos, hazte a la idea que se trata de un secreto de sumario. Lo verdaderamente importante es lo que te cuento a continuación.


Eva pertenece a "una familia bien", de las que van a misa los domingos, los veranos a su segunda residencia en la costa, y en invierno a esquiar a La Cerdaña, pero vivir una vida de primera, no hace a la gente de primera, y eso, ella lo tuvo siempre claro, ya desde muy pequeña.


Recibió su formación en un colegio religioso, y llegado el momento cruzó el charco para cursar Advertising, Marketing, Public Relations, Branding en la Universidad de Harvard. Cuando regresó a Barcelona empezó su carrera profesional en una agencia multinacional de publicidad, siguiendo los pasos que su familia siempre había deseado para ella.




Pero Eva sentía que estaba viviendo una vida que había suplantado su propia identidad.

Día tras día sonaba el despertador, madrugaba e iba a trabajar a una agencia muy cool, la más del momento. Es cierto que su profesión le ha dado momentos fantásticos e inolvidables, aunque posiblemente, quienes no se han dedicado a esto de "los anuncios", lo tengan idealizado. Así nos lo hacen creer algunas películas o series de televisión, pero no es oro todo lo que reluce. Si algo sabe hacer la publicidad es vender bien un producto, de modo, que sabe venderse así misma como nadie. Es mucha la presión y el estrés, y a veces no compensa "tanto glamour". Eva nunca se ha quejado de eso, porque se considera afortunada, al haber podido trabajar en aquello que considera más que un trabajo, una vocación.



Un día, su cuerpo dijo basta a ese ritmo frenético e hizo saltar las alarmas con un ataque de ansiedad al salir de una reunión de trabajo. Tras un desmayo, y un viaje en ambulancia a la clínica más cercana, estuvo seis meses apartada del mundo laboral. En ese periodo de tiempo, y gracias a la ayuda de un psicólogo, puso en orden su vida. Así inició una era de grandes cambios y un nuevo enfoque, que antes, ni en sueños se hubiera planteado, cambiando su filosofía de vida. Hoy vive y disfruta del movimiento slow living, aunque a mi me gusta llamarle vivir sin prisas, sin conflictos, disfrutando de lo que nos rodea y apreciar todo lo que nos hace felices.


Despertar cuando el cuerpo ha descansado lo suficiente y cambiando el zumbido del despertador por el sonido de los pájaros junto a la ventana, comer sano y saludable, de lo que nos da el huerto y el comercio de proximidad, vivir en medio de la naturaleza y salir a pasear por el campo son algunos de los placeres que han cambiado su vida.


Es cierto, confieso que siento un poco de envidia, sana eso sí, por esa nueva vida de Eva y siento que hablamos de mi otro yo.


¿Te has planteado darle un giro a tu vida? ¿Hay un otro yo en ti?